Joven amenazada en Fuerteventura pide ayuda para garantizar su protección

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La violencia de género se sigue cobrando decenas de vidas cada año en nuestro país -21 mujeres en 2018-. A pesar de los esfuerzos legales y económicos por frenar esta lacra, los asesinatos machistas no cesan, y son muchas miles las mujeres que sufren agresiones en sus hogares. Las denuncias de violencia de género que han llegado a los Juzgados de Puerto del Rosario en 2017 suman 337, sesenta más que el año anterior. Además, todavía muchas no saben identificar qué es maltrato ni dónde empieza. ¿Cuáles son las primeras señales? ¿Qué se puede consentir y qué no? Es la situación que está viviendo una joven de Fuerteventura que tras varios años de convivencia con su pareja tuvo la valentía de abrir los ojos y decidió poner fin a la relación. Hasta ese momento su familia era ajena a esta realidad.

Desesperada y asustada, ha pedido auxilio a través de su hermano en El Magacín de Nuria González para  poner en evidencia la gravedad de un problema que antes no traspasaba el ámbito familiar, “desde que decidió romper esa relación mi hermana no actuaba de forma libre, siempre lo hacía coaccionada, así que la animamos a denunciar. La Fiscalía archivó la causa, no podíamos demostrar nada porque todo había ocurrido en la intimidad de su vivienda. Una semana después de la primera denuncia, cuando volvía de trabajar se encontró a su ex a oscuras en el portal. Los gritos alertaron a la Policía Nacional, que afortunadamente llegó a tiempo, y el salió corriendo. Nuevamente en el Juzgado no aceptaron la denuncia a trámite porque no hubo agresión“. Desde entonces la familia ha tenido que organizarse para protegerla, acompañarla al trabajo o sacarle al perro. La angustia ha cambiado la vida de esta familia, “¿qué falla en el sistema de protección de las víctimas. La propia protección a las víctimas?”, añade su hermano. Muchos agresores que tenían orden de alejamiento la han incumplido porque las víctimas no tenían protección o porque no se controla o vigila que el agresor cumple el alejamiento. Faltan medios para garantizar la seguridad de una mujer amenazada.

La familia expresó su situación en El Magacín de Nuria González. Pueden escucharlo en el siguiente podcast, a partir del minuto 3.

La familia encendió la alarma esta semana cuando el presunto maltratador accedió a la vivienda de M.L. con una cuerda, “la agredió, le tiró el móvil, entró en pánico y salió corriendo gritando que ya no tenía nada que perder. Una vez más pusimos una denuncia, esta vez fue detenido pero un par de horas más tarde ya estaba en la calle. Nadie comprobó que su testimonio ante el juez no fue corroborado. No fue a trabajar pero no llamaron a la empresa. Dijo que estaba en casa de su hermano en el sur de Fuerteventura, su hermano lo negó pero tampoco fue suficiente. Hasta que no se practiquen las diligencias oportunas sigue libre y en la calle, sin vivienda, sin arraigo…Puede hacer lo que se le ocurra. Es imprevisible”.

El presunto maltratador ha dejado una deuda que supera los 11.000 euros, “en una noche hay más de una docena de movimientos bancarios transferidos a apuestas online. Mi hermana no puede hacer frente a esta deuda y cuando ha intentado negociarla el resultado ha sido peor. Ahora debe el doble por los intereses añadidos”.

La familia de M.L. se siente decepcionada con la justicia y las leyes que protegen a las mujeres, “cuando te toca a ti, te das cuenta que todo es mentira. De momento, somos nosotros (la familia) quien está protegiendo a la víctima”. Piden que las víctimas puedan seguir viviendo con normalidad, “que no nos rasguemos las vestiduras o hagamos un minuto de silencio cuando ya no estén, que los políticos, por favor, ayuden”.

Cualquier mujer puede estar siendo víctima de violencia de género. Le puede estar pasando a una vecina, a una amiga, incluso a nuestra propia madre. Actuar ante esta lacra social es responsabilidad de todas y de todos.

 

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