Los peligros desconocidos de los tatuajes ilegales

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Los tatuajes se han incorporado nuestra fisonomía corporal como un elemento cotidiano más. Se calcula que unos 100 millones de europeos se hacen un tatuaje de media cada año. En El Magacín de Onda Fuerteventura recibimos al farmacéutico del Área de Salud de Fuerteventura, Alberto García Álvarez para conocer las condiciones higiénico sanitarias de los establecimientos de Tatuaje y Piercing en la Isla.

Alberto Álvarez ha recordado que la persona tatuada requiere una serie de prevenciones higiénicas, posee regulación legislativa e implica asumir ciertos riesgos nada desdeñables. El experto ha explicado algunas de las situaciones desagradables en las que nos podemos encontrar si nos hacemos un tatuaje.

El tatuado es una práctica minuciosamente regulada por normativas sanitarias y ha mejorado mucho sus condiciones en los últimos años, sobre todo desde el punto de vista sanitario. Es una actividad profesionalizada donde la mayoría de los tatuadores cumplen estrictamente los protocolos de higiene y esterilización de instrumental.

Lejos quedan los tiempos en que un tatuaje podía ser el vehículo de todo tipo de infecciones, dérmicas e incluso peores: se han relatado casos de transmisión de VIH o hepatitis por no cambiar de aguja entre un cliente y otro. Pero aunque estos accidentes ya no ocurran, las normas no siempre se observan al máximo.


La revista Consumer realizó un estudio en 115 estudios de tatuaje en España en los que se puso de relieve la falta de información al cliente y unas condiciones de trabajo e higiénicas francamente mejorables. Desde el Área de Salud de Fuerteventura se ha constatado que las condiciones han mejorado sensiblemente, aunque sigue habiendo unos pocos locales que no cumplen con algunas normas, como la esterilización de las pistolas o el uso de la ropa reglamentaria (guantes de látex de un solo uso, batas blancas, etc.). Podemos encontrarnos con un profesional que no cumpla en cuanto a higiene personal, o el peligro de encontrarnos con que los colorantes estén caducados y contaminados por usar una de dilución no esterilizada.
El tatuado es una práctica que implica la penetración dérmica y la introducción de una sustancia química debajo de la piel, lo que siempre entraña riesgo de reacción química. El problema es que muchas veces se utilizan colorantes industriales no testados ni regulados para estas prácticas, con lo que se desconoce sus efectos secundarios.

Un caso extremo es el de la llamada henna negra, que se utiliza para hacer tatuajes temporales, similares a los que se aplican numerosas culturas del sur del Mediterráneo. La henna es un colorante tradicional en el Magreb, que también se utiliza para teñir el pelo. Si se usa para hacer tatuajes, tarda en fijarse a la piel unas cuatro horas, por lo que para acortar el tiempo de fijado algunos tatuadores utilizan un componente añadido llamado parafenilendiamina (PPD) en una concentración que puede llegar al 15%.

Este compuesto, cuyo uso para esta actividad es ilegal, ayuda a fijar el tatuaje con rapidez pero tiene efectos abrasivos permanentes sobre la piel, de modo que deja la zona donde estaba el tatuaje marcada con una quemadura.