OPINIÓN | ‘La Educación de Canarias, en estado de alarma’

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Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones, surgidas durante la
deriva de estos tiempos tan extraños, como peculiarmente críticos, que nos está
tocando vivir. Sin ánimo de añadir más leña al fuego, o de ofender a los partidarios
de unas u otras corrientes didácticas, enfrentados por el desbarajuste de directrices,
que hemos recibido durante este “estado de alarma”.

Se trata, en primer lugar, del derecho a expresar mi descontento y reticencia escéptica, así como de desahogar todo ese estrés y esa tensión que, actualmente, y creo que estoy dando voz a muchos/as docentes, se está viviendo en el marco de la “Educación en Canarias”. No quiero señalar culpables, porque la irrupción de esta pandemia no se la esperaba nadie, pero indudablemente si que está dirigida a los responsables de la planificación y puesta en marcha de lo que, voy a llamarlo así, “una pseudo implementación de una fase BETA, en la transición apresurada hacia un modelo educativo basado en las TIC y la burrocracia”.

Principalmente, echo un tanto de menos, no contar con una hoja de ruta, que a
buen criterio nuestro ministro Manuel Castells, como gurú o eminencia en el marco
de la Sociedad de la información, imagino estar trazando desde su dispositivo, a la
par que ando yo escribiendo tales reflexiones. Ojalá sea así, porque ahora que nos
vemos inmersos repentinamente en un proceso de enseñanza-aprendizaje un tanto
“informal”, muy desorganizado, y que parece responder más a un paripé burocrático
con ansias de productividad neoliberal; encuentro más que nunca la necesidad de
dirimir los conflictos relativos a la labor docente que nos está tocando afrontar, o más
bien destilar.

Llevo semanas debatiendo e incidiendo sobre ese hecho consumado, y pienso
que poco rebatible, que es la llamada “Brecha digital”. Concepto, sobre el que me
voy a permitir argumentar todo este, quizás algo pretencioso análisis crítico-reflexivo,
que a modo de columna vertebradora sosteniene mi postura reticente y escéptica, ante
esa fulminante presión burocrática empeñada en aplicar herramientas TIC, en aras de
mantener una “normalidad” productiva, y bajo el lema del “derecho a la educación
de nuestros discentes”. Encontraremos, de eso no me cabe duda, muchas
interpretaciones sobre como proceder en base a ese pobre manual, que “por
fascículos”, está siendo redactado de manera jerarquizada, y pasando por los filtros
de los distintos responsables hasta llegar a nosotros, los docentes. Considero que
según fuéramos investigando, veríamos como cada comunidad autónoma, cada
consejería, cada centro, cada directiva y claustro, está remando en una u otra
dirección, sin atender al errático devenir educativo. Profesionales ante todo, que
están dejándose la salud, desde sus puestos y competencias, luchando por mantener
un servicio público, como el de la Educación. Sin dejar de ser todo esto, un acto
encomiable, digno de aplauso. Pero que, según en que contexto y etapa educativa, no
deja de ser un tanto ineficiente, a la par que romántico.

Retomando, esa brecha digital, que en Canarias encontraremos a nivel de
recursos, calidad de conexión a la red, o cobertura móvil, conocimientos según
edades y formación, étc. Se hace muy complicado, defender bajo mi punto de vista,
esa perseverante continuidad del curso escolar, entendiendo que no debiéramos caer
en la segregación o discriminación según estratos socio-económicos. Hecho que
quedaría en evidencia, bajo esa losa, que mal que nos pese, está afectando como un
factor más, a la reticencia, de un significativo sector de los agentes implicados en la
Educación Pública. Pero ¡Ojo! No estoy diciendo con ello, que podamos utilizar ese
concepto, para escudarnos en la apatía o el pesimismo, de cara a nuestra labor como
docentes. No es que la brecha digital, sea una suerte de epidemia emocional que
justificara paralizar “todo” nuestro trabajo , hasta el punto de dejarnos llevar por la
desidia. Lo que estoy tratando de defender es que al menos se tenga en cuenta, como
realidad, como un principio, a la hora de realizar desafortunados análisis o emitir
informes de forma acelerada.

Exijo, eso sí, PRUDENCIA, y una programación flexible (a ser posible en
Proideac, nótese la ironía) a la hora de articular esta pretenciosa puesta en marcha de
un sistema educativo basado en “metodologías e-learning”. Para empezar, porque esta
forzada adaptación al modelo de enseñanza que andamos implementando por la
fuerza, no termina de parecerme una versión muy pobre, o simplona, de lo que
significaría realmente asegurar, con garantías de calidad, una Educación a través de
las TIC. Por lo tanto, por mi parte creo, que debemos reconsiderar nuestra postura
ante tal ejercicio de servidumbre jerárquica y burocrática. Servidumbre o sumisión,
devenida al tener que aplicar instrucciones que son a mi parecer incoherentes,
especialmente en estos momentos de crisis, donde existen diversos factores
emocionales y anímicos, según las circunstancias de cada familia, individuo o
profesión, que sumados a dicha brecha digital, está generando una escalada de
tensión y ansiedad en la comunidad de los representantes implicados.

Es decir, creo que debiéramos aparcar en estos momentos la burocracia y esas
ansias de productividad, que entorpecen nuestros pasos, en el objetivo de dedicarnos
a lo que realmente debería importarnos, ahora mismo, como docentes. Nuestro
servicio, debiera centrarse exclusivamente, en prestar apoyo emocional a nuestro
alumnado y sus familias, así como crear una suerte de comunicación interactiva,
didáctica e “informal” con estos. Para que aquellos que pudieran, por sus
circunstancias, y quisieran seguir aprendiendo, se les prestara orientaciones y apoyo
pedagógico para poder seguir discurriendo en su proceso de aprendizaje. Sin
olvidarnos, que esta situación comporta ya de por si, experiencias y adaptaciones, que
no dejan de ser oportunidades fantásticas para el aprendizaje de capacidades como la
RESILIENCIA.

Menos trámites burocráticos, menos sistemas de evaluación alternativos,
menos contenidos curriculares y más HUMANIDAD, en el sentido empático, o
acepción de la palabra; para afrontar esta “recesión” educativa. Por este motivo y por
concluir, les mando ¡Mucho ánimo compañeros/as!

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