Podemos exige la dimisión de Sergio Lloret

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La formación morada pide que el presidente desista de sus planes de externalización interesada y de encomiendas de gestión con truco en relación con el Plan Insular de Ordenación.

Aunque los nuevos gobiernos suelen contar con varios meses para poder tener consciencia de sus cambios y de la línea política que toma en sus decisiones, los llamados cien días de gracia, en el caso de Lloret, no han durado ni un mes. “Un tiempo de gracia que no ha roto la oposición de izquierdas, sino que el propio gobierno ha dinamitado por sí solo”.

Han sido las tremendas acusaciones vertidas por la compañera consejera de AMF en las que señalan a Lloret como cabeza de un plan para sacar provecho personal del ordenamiento territorial, de actuar al margen del interés general, a sabiendas, en un tema tan transcendental como son las posibilidades de influir en el uso del suelo de la isla de Fuerteventura.

“En el pleno de hoy el presidente ha tratado de explicar lo inexplicable, justificar lo injustificable y excusar lo inexcusable”, afirma Podemos, como ya había sucedido en la rueda de prensa realizada sobre este tema, “una comparecencia en la que el presidente aparecía solo, sin apoyos de socios ni cercanos”. Andrés Briansó resaltó en su intervención en el pleno de hoy que “No necesitamos volver a oír las peregrinas explicaciones y las disculpas de cartón, no necesitamos más apariciones públicas de un presidente que ha demostrado en menos de un mes no merecer serlo”.

Cabe recordar nuevamente que las acusaciones no provienen de una persona desinformada, sino de la hasta hace unos días presidenta del partido bajo cuyas siglas se presentó Lloret a las elecciones en esta ocasión, una persona de la máxima confianza del por el momento presidente.

La formación morada acusa al presidente del Cabildo de Fuerteventura de traicionar a sus socios de PSOE-NC y Podemos, rompiendo el pacto de Gobierno que mantenían, con con el único objetivo de perseguir fines y objetivos personales, dejando de lado el interés por la ciudadanía. Es evidente que, para que una persona renuncie a la presidencia del partido al que pertenece, debe de haber asuntos turbios y trapicheos en los que no quería verse involucrada.

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