Soluciones para atajar las «acampadas descontroladas»

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Una creciente pasión por el turismo alternativo, por otras formas de viajar y por un modo de vida más bohemio, ha provocado un auge importante en el turismo de autocaravanas y de las clásicas furgonetas y casetas que han convertido las playas de Fuerteventura en objeto de deseo.

La Oliva, y en concreto Cotillo, es una de las zonas más buscadas por estos viajeros en Semana Santa y verano, y a su vez muchos residentes lo han adoptado como su forma de viaje habitual, por su mayor economía y su atractivo especial.

La mayoría de los campistas tienen mucho cuidado pero todavía hay quien aparca para pernoctar a pie de playa. Y, en ocasiones, los conflictos entre aparcamientos y las autoridades también ocurren. La vigilancia diaria está saturada, apunta el edil de medio ambiente de La Oliva, Oliver González. La UMA levantó acta de denuncia a los propietarios de 6 vehículos por estacionamiento en dominio público, 1 por acampada en zona de servidumbre, y 10 por estacionamiento en la Playa de La Concha, observando una reducción de la presión sobre la costa y del número de infracciones.

En el caso de Antigua, señaló el responsable de Medio Ambiente, Gustavo Berriel, «no tenemos ninguna sanción. En 2009 afrontamos esta situación y no hemos vuelto a tener problemas de masificación. Actualmente contamos con el camping de Pozo Negro, en una situación «medianamente legalizada», es un espacio con servicios y se autofinancia. Permitimos acampar en zonas municipales, como el Barranco de la Torre, igual que en la playa del Gran Valle, Jacomar, el Barranco de la Cueva o el litoral entre Costa Calma y Pozo Negro».

Desde el Colegio de Arquitectos apuntaron que las zonas de acampada están reguladas por el Plan Insular, «el problema es el control, no contamos con 300 agentes del Seprona para inspeccionar toda la Isla».

Oliver González señaló que el número de denuncias ha disminuido considerablemente, «los campistas ya tenían la información sobre la prohibición. Contamos con cuatro zonas de acampada, en ellas solo se registraron 40 solicitudes. El resto de la zonas, mayoritariamente ocupadas, se trata de suelo privado donde el ayuntamiento presta servicios. El desbordamiento ha llegado con la moda de las autocaravanas, pueden estacionar en cualquier zona, especialmente en El Cotillo, es un circunstancia que se nos ha ido de las manos porque en principio no incumplen con la ordenanza». El ayuntamiento norteño baraja suelos municipales para habilitar zonas de acampada de autocaravanas.

Berriel defiende la puesta en marcha de una ordenanza municipal que regule la situación, «hay que habilitar zonas sostenibles, adaptadas a los demandas, con los mayores servicios posibles, y regular una realidad, tal y como se ha hecho con el tránsito de quads. En Antigua disponemos de suelo público pero si también somos receptivos a proyectos en suelo privado. El problema que solemos hallar es la excesiva protección del suelo que impide la ejecución de proyectos desarrollados».

En La Oliva, en el caso de suelos privados, el Ayuntamiento ha llegado a sancionar a varios vecinos que habilitaron carteles ilegales prohibiendo el acceso, «esa prohibición debe estar justificada bajo conceptos específicos».

De cara al verano, fecha en la que el turismo de autocaravanas y furgonetas se dispara. Toda una cultura de ocio en torno a este tipo de viajeros, y ellos, como es lógico, también piden su espacio. La mayoría de los usuarios (entre los que hay gente de todo tipo de regiones) reclaman que se les estigmatiza como un tipo de turismo negativo, que no consume, pero señalan que no es así, en un intento de que se valore su contribución al turismo local.

 

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