Vecinos de Costa Calma denuncian graves deficiencias sanitarias en Urbanización Santa Úrsula

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Vecinos de la Urbanización Santa Úrsula no encuentran solución y  responsabilidad de los problemas y falta de mantenimiento que aquejan a esta zona residencial con 76 viviendas. Los hechos se han agravado con el derrumbe de una cornisa, «hemos tenido que subsanar esta obra con nuestros propios fondos. Nadie nos escucha», han explicado hoy en El Magacín de Onda Fuerteventura.

Puedes escuchar la entrevista aquí:

Un total de 76 propietarios de la urbanización Santa Úrsula, ubicada en la zona alta de Costa Calma, Pájara, representados por Eneida Montenegro y su esposo Eugenio Suárez, han denunciado en los micrófonos de El Magacín de Onda Fuerteventura las «graves deficiencias y la falta de mantenimiento» que sufre esta zona residencial. En sus misivas al ayuntamiento y a la policía local,  solicitan que «haga uso de todos los recursos a su alcance para que la Administradora de la finca asuma su responsabilidad» y que se escuchen sus peticiones de la desastrosa situación de la urbanización, «necesitamos una solución al problema de ratas, basura, y mal estado de la edificación, pagamos 100 euros de comunidad cada mes pero nadie hace nada»

La situación que vive esta urbanización viene arrastrándose desde hace siete años, relatan los afectados. Hasta ahora, las quejas verbales a la administradora y el Ayuntamiento no han obtenido una respuesta resolutoria. Los afectados afirman que «no tienen tiempo para atendernos y el ayuntamiento alega que se trata de una urbanización privada sobre la que no tiene competencias».

Los vecinos han denunciado el mal estado de las alcantarillas, «hay tantas ratas y tan enormes que no podemos salir tranquilos por la noche, además tenemos un vecino con un síndrome de Diógenes que acumula basura orgánica, los gusanos salen por la puerta y suben a otras viviendas», señalan, «esto provoca frecuentes atascos, malos olores, inundaciones que afectan a jardines, al desbordarse las alcantarillas con el exceso de lluvias, e incluso que las aguas fecales retornen y salgan por bañeras, lavavajillas o cualquier otro punto de las viviendas. Los vecinos se ven impotentes ante esta situación, que ha desembocado en querer vender sus propiedades por el grado de insalubridad al que se ven sometidos.

A este hecho se une la falta casi total de mantenimiento de la urbanización y el abandono que invade las zonas verdes, «nunca se dotaron de mobiliario ni de juegos infantiles», alegan, «ya no sabemos a quién acudir».

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